Aceptémolso de una vez. Soy más feliz que una perdiz ¡No tengo novi_! ¡Hace cuatro días que no veo a mi mejor amiga! ¡Hace semanas que no salgo a ningún lado! ¡Veo a mi padre dos veces cada seis días! ¡Y mi himno, Labios Compartidos, se ha convertido en mi día a día! ¡Pero soy feliz!
Y no sé porqué, pero miento. Pues claro que sé porque es. Libros, cómo siempre. ¡Libros románticos, de aventuras, de misterio!
No sé cómo empezar, así que supongo que escribiré lo primero que se me pase por al cabeza.
Hace más de tres semanas que no salgo a ningún lado con mis amigas. Auqnue debería decir amiga. Tal vez porque está mala, o tal vez porque es tan feliz con otra persona que no me veo capaz de quitarles una tarde. Me conformo con hablarla de vez en cuando, que me cuente sus cosas, callar las mías, ya no espero que me entienda, no lo necesito. Que me hable de él, de su felicidad, del tiempo que pasan, de lo cambiada que está, de lo madura que parece. Tan sólo espero que sea ella misma.
No tengo pareja. ¡Por el Ángel, para qué la quiero! No podría llevarlo, ¿Cuándo quedaríamos? ¿Cuándo hablaríamos? Si lo único que hago es leer, y escribir en el cuaderno de viajes. Tal vez es que ya me he acostumbrado a no necesitar a nadie, a lo mejor es miedo (no, tan sólo es imposibilidad), o a lo mejor esque aún no he encontrado una razón por la que vivir mi propia vida.
Mi familia está mejor. Es, sencillamente, como antes. Quiero ir a Barcelona en Semana Santa, ¡Ojalá!
¿Para qué hablar de mi corazón? Está como siempre, rezumando esperanza y a la vez aceptación.
Pero lo más importante de todo es que he vuelto a ser esa yo. La yo que se pasaba los días leyendo. La yo que no la importaba dejar a sus amigas de lado en el recreo y leer sola en el recreo. Y por raroq ue parezca siento que de esta manera vuelvo a ser la que era. Y no la que soy ahora, fría, ajena, superficial, conforme, y enamorada. Soy libre, grito de emoción al conocer las aventuras de los personajes, me muerdo las uñas cuando sé lo que va a pasar, río cuando el amigo friki dice una cosa estúpida, envidio cuando tienen a alguien que necesitan por encima de todo, y lloro cuando la tristeza les inunda. Y suavemente paso las hojas de cada libro, esperando con emoción un nuevo dialogo, una nueva palabra de aliento que me de la vida, que me dé fervor y esperanza, que me haga sentir ligera.
Leo un libro por día, me acuesto aa las dos todos los días y me desperto diez minutos antes de que suene el despertador porque en mi sueños he soñado con el libro y quiero leer un poquito más antes de levantar e ir al cole. No existe nada más para mí. Nadie entiende mi desesperación. Nadie lee los libros conmigo, ni entiende que la mayoría de mis actitudes, frases y pensamientos son de libros.
Jamás pensé que diría esto, pero soy libre, y soy valiente. Los libros me ayudan en mis peores momentos, me hacen suspirar, y quitan la respiración. No soy nada, no soy nadie. Soy palabras.
¡Así que aquí estamos! Leyendo de nuevo, y siendo cómo una perdiz. Mi vida no tiene sentido, pero me he dado cuenta de que menos sentido tendrían si no pudiera vivir otras vidas.
¡Lean!
sábado, 22 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
"En el muelle de San Blás"
Porque me apetecía, porque estas canciones dejan que mi voz resulte bonita, porque ni aguda es la situación ni el grave es el problema. Son las canciones de siempre, de esas que cantas mientras que la escoba hace de guitarra y esas que marcas con el pie en el autobús. Son las canciones que pones a la alta en el coche, las que me hicieron quedarme afónica, y las que bailé hasta quedar muerta. Son mis canciones de los campamentos. Son las canciones de los grupos de rock-pop español las que han marcado mi infancia.
Antes que ver el Sol-Coti
Nada de esto fue un erro-Coti ft.Paulina Rubio.
Limón y Sal-Julieta Venegas.
Me voy-Julieta Venegas
A gritos de esperanza-Alex Ubago
Aunque no te pueda ver-Alex Ubago
Tu peor error-La quinta Estación
Amores extraños-Laura Pausini.
Cada dos minutos-Despistaos
Gracias-Despistaos
Todo me da igual-Pignoise
Te entiendo-Pignoise
Princesas-Pereza
Estrella Polar-Pereza.
Peter Pan-El Canto del Loco
Zapatillas-El Canto del Loco.
La canción más hermosa del mundo-Sabina
Soldadito marinero-Fito&Fitipaldis
Por la boca vive el pez-Fito&Fitipaldis
Antes de que cuente 10-Fito&Fitipaldis
La casa por el tejado-Fito&Fitipaldis
Acuarela-Toquinho
Tenía tanto que darte-Nena Daconte
En qué estrella estará-Nena Daconte
El vestido azul-La Oreja de Van Gogh
Muñeca de trapo-La Oreja de Van Gogh
Amor Clandestino-Maná
En el muelle de San Blas-Maná
Labios Compartidos-Maná
19 días y 500 noches-Sabina
lunes, 10 de marzo de 2014
Lunnaris.
Era invierno. Creo recordar que era Invierno, aunque sólo lo deduzco por el frío que hacía, pero ahora que el tiempo y la distancia han aclarado mi alma y mis recuerdos creo que solo sentía frío en mi interior y no porque fuera verdaderamente invierno, sino por la profunda desazón que recorría mi cuerpo dejandome helada. No se neceista saber el día, y sin embargo creo que era el tercero de aquel impronunciable mes. Se llamaba Victoria, y para mí no fue más que una derrota.
***
He estado huyendo de la primera persona que soy. Tengo miedo de escribir, y es algo tan nuevo y diferente que no me encuentro en mi interior. Ya no hay una ventana que transmite mensajes del exterior al interior, sólo mi interior conoce la firmeza de este sentimiento, y sólo mi exterior sabe lo difícil que es pensar en no volver a verte.
Quiero dejar que todo salga de mí, quiero hacerlo, pero no lo merece. Y es por eso que he decidido cambiar el género aunque por primera vez en mucho tiempo me sienta más. Más eso. Más libre. Libre al pensar que hay un secreto encerrado, y esclava la mismo tiempo de este infierno, que me obliga a mentir a mi familia quién soy verdaderamente. No soy más que una mentira, más que una ilusión de la niña que a ellos le gustaría que fuera. No había hecho esto nunca, pero voy a hacerlo. Voy a hablar de mi familia, aquí, y sólo aqui, porque mi diario ya no tiene más hojas para dedicarselas.
Mi hermana mantiene una relación insana con un chico adultero que no la quiere. Toda mi familia está en contra y ella no hace más que llorar por las esquinas. Es por ella y por dar a mi familia un poco de mi sensatez, que soy cómo soy. Es decir, una joven que quiere estar sola toda su vida. Tengo tanto miedo de lo que implica tener pareja y las consecuencias que pueden traer que me he acomodado a la soledad.
No conocí a mis abuelos, y sin embargo nací el mismo día que mi abuela.
Tengo tres maravillosos tíos que son parte de mí tanto como escribir o leer. Han sido mis tres luceros, y no hay cosa que me de más miedo en este mundo que es que se mueran. No hace falta una explicación. Ellos han sido mis vacaciones, mis protectores, mi cultura, mis sueños y mis deseos de un mundo mejor. No hay hombre más culto que mi tío, no hay mujer más dulce que mi tía, y no hay mujer más rara, inteligente y cotidiana como mi otra tía. A veces pienso que viajar sin ellos no es viajar, y que es mejor no intentar volver a viajar cuando ellos no esten porque eso solo me haría más daño.
Mi madre es mi heroína. Escribo un diario para mi hija, para que me conozca como mujer y no solo como madre. Miento a mi familia haciendoles creer que solo me interesn los chicos cuando estoy enamorada de una chica y no me imagino sus reacciones porque trastocarían todo el cariño que siento por ellos.
Desde hace un par de años mi vida ha cambiado. Tal vez a peor. Y sin embargo me he acostumbrado a vivir de este modo.
A vivir queriendo, sin que me quieran. A vivir llena de miedos. A vivir llena de soledades. A vivir de mí, porque es lo únicoq ue no me va a abandonar.
Hay un sueño que marca quién soy. Cogerla de la mano. Y ese simple hecho ha trastocado todas mis creencias, aptitudes, miedos y sueños.
Buenas noches.
sábado, 22 de febrero de 2014
PEQUEÑO INCISO:
Me encanta la gente que va de Fucker por la vida y luego pone "Te amo", De verdad, es muy apropiado a tu pasotismo, eh :-)
Adoro a la gente que crea un blog para colgar fotos de sus parejas, y contar los problemas sentimentales que tienen, es tan interesante.
Enloquezco con la gente que dice saber escribir y solo ha escrito una frase de amor sin sentido, son mis idolos.
En fin, que dais asco.
Me encanta la gente que va de Fucker por la vida y luego pone "Te amo", De verdad, es muy apropiado a tu pasotismo, eh :-)
Adoro a la gente que crea un blog para colgar fotos de sus parejas, y contar los problemas sentimentales que tienen, es tan interesante.
Enloquezco con la gente que dice saber escribir y solo ha escrito una frase de amor sin sentido, son mis idolos.
En fin, que dais asco.
En el país de las maravillas.
Vivía, en presencia, pero no en espiritu, en un pueblo cuyo nombre es tan dificil de escribir que lo obviaremos. El caso esque vivía allí una joven que, prisionera de sus desgracias, miraba a la ventana día y noche, y no importaba que el día fuera lluvioso, o que hiciera frío y sus manos se congelaran, daba igual si era de noche y reinaba una oscuridad tan inmensa que a veces se pensaba que tenía los ojos cerrados. A Alice le daba igual. .Y no por ello le dejaba de importar. Vivía en una casa llena de polvo, y el polvo siempre acompañaba a los retratos en cada pared o a los libros de las estanterias, y la acompañaba a ella en su quietud. Miraba por la ventana, y ese día era lluvioso. Lluviosos eran sus ojos al ver las gotas caer ¿Por qué lloran las nubes? gritaba su cabeza. ¿Qué razones tenían las nubes para descargar su tristeza? ¿Acaso ellas sabían del sufrimiento que sentía, que la encarcelaba en una prisión de locura? ¡Pero cómo ellas, podían llorar! Ellas, dichosas que eran ajenas a las penalidaddes humanas, ellas que no sabían nada acerca del amor, ni de la gloria, ni de la virtud, ni de la belleza, ellas que no sabían nada de ella se atrevían a llorar, ¡Si sus ojos estaban secos, era porque por fin había conseguido la estabilidad de la indiferencia! ¡No tenían ningun derecho las nubes de llorar, ella no lloraba y tenía más razones!
Así que ¡Llovía! gruesas gotas de agua que danzaban por el espacio y tinteneaban en la repisa de la ventana, su sombra y rastro alargados en el cristal, y mientras Alice veía cómo reía ella.
¿Quién es ella?
¡Graciosa preguntaba, como si la lluvia no la hubiera visto llorar miles de veces en su nombre!
Ella era un ángel. El mismo ángel de la melancolía. Que se reía deshinibada, con placer y fervor. Y brillaban sus grandes ojos con esperanza y extasis. Que olía a amanecer, a leche caliente, a malvas, a tilo, a perejil, a canela, olía a mujer. Y su olor se quedaba impregnado en Alice como si de su propio olor se tratara, la olía cuando no estaba su presencia. ¡Y aunque estuviera con ella horas nunca dejaba de notar su olor! La perseguía, la enredaba y la despojaba de toda claridad y anhelo.
La echaba de menos, pero se acomadaba al dolor. Lo esperaba con los brazos abierttos y lo abrazaba como si de un amigo se tratara, quería sentir dolor. Pues era lo único que la mantenia viva, y no en vida. Quería saber que vivía en una casa llena de cuadros, con las paredes a rayas y con cenefas, llena de fotos de sus viajes, llena de retratos color sepia de su abuela, repleta de momentos con bordes, embarazada, en Londres, en Moscú, en Finlandia, en Suiza, en Grecia, llena de fotos de niños con pocos dientes y ojos color esperanza.
Estaba llena de estabilidad, de un hombre, de un hogar, de una carpeta llena de folios, de lloros a medianoche, de carcajadas, llena de juguetes por el suelo, y de entradas de museos en los libros de historia, llena de marcapaginas en las libros de ficción, estaba llena de amor, y el amor entraba en ella y la hacia relucir con un brillo no visto antes.
La última vez que la vi, se estaba tomando un café en la cafetería de la esquina mientras que miraba un folio como quien mira a un hijo, y removia la cuchara del café, y cortaba tortitas con nata y posaba la mano en su tripa.
Y sin embargo el último recuerdo que tengo de ella, es en la montaña, con botas y un macuto que parecia llevarla a ella y no al revés.
Pero la pobre Alice, ay, qué desdichada era ¿Verdad? Que no se daba cuenta de que había perdido su propia vida, esperando que ella hicera la suya. Había perdido la cordura, la esperanza, e incluso el amor. No se daba cuenta de que los recuerdos que tenía de ella, no eran más que sueños de infancia, sueños de lo que le hubiera gustado vivir. No se daba cuenta de que ella, su mujer, reposaba dormidita bajo un tilo, y que las raíces del árbol se alimentaban de ella, y estas a su vez a Alice.
Nunca, nunca, se dio cuenta de que enloqueció pensando que era feliz, y que eso no era cierto, que ella solo estaba muerta, muerta, y muerta y tres veces muerta.
Así que ¡Llovía! gruesas gotas de agua que danzaban por el espacio y tinteneaban en la repisa de la ventana, su sombra y rastro alargados en el cristal, y mientras Alice veía cómo reía ella.
¿Quién es ella?
¡Graciosa preguntaba, como si la lluvia no la hubiera visto llorar miles de veces en su nombre!
Ella era un ángel. El mismo ángel de la melancolía. Que se reía deshinibada, con placer y fervor. Y brillaban sus grandes ojos con esperanza y extasis. Que olía a amanecer, a leche caliente, a malvas, a tilo, a perejil, a canela, olía a mujer. Y su olor se quedaba impregnado en Alice como si de su propio olor se tratara, la olía cuando no estaba su presencia. ¡Y aunque estuviera con ella horas nunca dejaba de notar su olor! La perseguía, la enredaba y la despojaba de toda claridad y anhelo.
La echaba de menos, pero se acomadaba al dolor. Lo esperaba con los brazos abierttos y lo abrazaba como si de un amigo se tratara, quería sentir dolor. Pues era lo único que la mantenia viva, y no en vida. Quería saber que vivía en una casa llena de cuadros, con las paredes a rayas y con cenefas, llena de fotos de sus viajes, llena de retratos color sepia de su abuela, repleta de momentos con bordes, embarazada, en Londres, en Moscú, en Finlandia, en Suiza, en Grecia, llena de fotos de niños con pocos dientes y ojos color esperanza.
Estaba llena de estabilidad, de un hombre, de un hogar, de una carpeta llena de folios, de lloros a medianoche, de carcajadas, llena de juguetes por el suelo, y de entradas de museos en los libros de historia, llena de marcapaginas en las libros de ficción, estaba llena de amor, y el amor entraba en ella y la hacia relucir con un brillo no visto antes.
La última vez que la vi, se estaba tomando un café en la cafetería de la esquina mientras que miraba un folio como quien mira a un hijo, y removia la cuchara del café, y cortaba tortitas con nata y posaba la mano en su tripa.
Y sin embargo el último recuerdo que tengo de ella, es en la montaña, con botas y un macuto que parecia llevarla a ella y no al revés.
Pero la pobre Alice, ay, qué desdichada era ¿Verdad? Que no se daba cuenta de que había perdido su propia vida, esperando que ella hicera la suya. Había perdido la cordura, la esperanza, e incluso el amor. No se daba cuenta de que los recuerdos que tenía de ella, no eran más que sueños de infancia, sueños de lo que le hubiera gustado vivir. No se daba cuenta de que ella, su mujer, reposaba dormidita bajo un tilo, y que las raíces del árbol se alimentaban de ella, y estas a su vez a Alice.
Nunca, nunca, se dio cuenta de que enloqueció pensando que era feliz, y que eso no era cierto, que ella solo estaba muerta, muerta, y muerta y tres veces muerta.
lunes, 17 de febrero de 2014
Jimena y las margaritas.
Y me presento aquí con una hoja de papel blanco, y empiezo a pensar, pensar en mi vida, pensar en las estrellas, y pensarr en la bonita pareja que hacen la Luna y el Sol, cuando por el día la Luna sólo es la sombra de lo que fue, y cuando por la noche el Sol esconde sus rayos entre los celestes labios de su soledad.
He estado pensando, como cada atardecer por la ventana, mirando el mundo vestir sus galas naranjas y rosadas, observando el movimiento de las hojas con el leve susurro del viento y oyendo cómo las nubes se mueven poquito a poco acumulando agua en sus sobrecargados estómagos, y cómo luego con una sonora carcajada desprenden todo el cotenido de su estómago haciendo crujir al tiempo que, retardado, espera en la esquina a que amaine la risa.
Estábamos en la esquina el tiempo y yo, cuando decidieron las nubes dar por acabada su comedia, cuando el viento dejó de maullar haciendo enloquecer a los pájaros, cuando la hierba se quedó quieta y cuando el Sol dejó caer sus lagrimas, cuando abrí mi chaqueta para sacar rapé, decidió el tiempo que ya era hora de salir a bailar. El tiempo con su alargada sombra y sus más alargados y afilados miembros bailó una pieza de claqué haciendo resonar sus pies desnudos como si éstos llevaron zapatos, cogió de la mano a la dulce joven que arropaba a Venus y la sacó a bailar. Primavera se movió, escandalosa, enloquecida, furiosa y atrevida y desprendia de su largo manto verde pequeñas margaritas que deshojaba Jimena con temor. Una la decía que sí, y la siguiente que no, y la siguientes dos sí y las tres siguientes no. ¡Y se lamentaba tanto, Jimena, de las margaritas que le negaban el amor que las tiraba al suelo y las pisoteba mientras decía, "Mala mala, eres maquiavolicamente mala"! Pero después, arrepentida, recogia los trozos de la flor, cómo si de su propio corazón roto se tratara y las mecia entre sus blancas manitas susurrando "Buena, benévolamente buena". Y seguia la dulce Primavera bailando claqué con el Tiempo cuando El hombre Naranja la vio. ¡Mentira, mentira! No la vio, la miró con no disimulada atención con las mejillas sonrosadas y el pecho galopando en su corazón ¡Digo! El corazón galopando en su pecho ¡Pero es que no sabía ni cómo ni el por qué, de esa extraña reacción! ¡No sabía donde estaba su cuerpo ni su corazón cuando la miro!
El hombre Naranja paseó alrededor de la dama, y daba vueltas y más vueltas, y era él ahora quien se ocupaba de mover las agujas de su propio reloj, aquel que tenía los días contados. Se sumaba una hora al reloj y una parte de su cuerpo moría de amor. Ya no era tiempo el tiempo que sentia, ya no eran los días los que importaban sino los minutos que la miraba bailar. Así fue cómo la Primavera se sintió molesta de sentirse observada, y perdia el compás cada ocho pasos, y daba seis en vez de siete, ¡Y siete en vez de ocho! ¡Y perdia el control de las maragritas que desprendia su pelo, y Jimena recibió más dosis de amor de las que verdaderamente le tocaba!
El tiempo, veía, celoso, cómo miraba Naranja, y desplegó sus oscuras alas y dejó de bailar. Sus alas se alargaron y alargaron hasta que perdió el sentido de la dirección de éstas. Y cuando creía haber perdido el sentido, la cabeza, y los pasos de un silencioso baile vino un caballero con Nariz puntiaguda, gafas empañadas y pelo canoso a reclamar el tiempo que le debía. Y tiempo asustado, se enterró en su propia torre de incontables secunderos y descansó. Llegó el frío viento del Norte a reclamar las hojas, las rosas, las lagrimas del Sol y las flores. Descansó la fría escarcha, y los fríos lagos se congelaron, las rosas se marchitaron heladas, y las pobres negadas margaritas desaparecieron entre los puntos cardinales. ¡Y Jimena lloraba enloquecida, esperando, legando su ser a un espacio más oscuro, la pobre sombra de Primavera gemía de dolor al ver al caballero tomarla entre sus manos y encerrarla en su prisión! ¡Pero atentos! Alguien más entra entre las disputas del calendario y el espacio. Un desconocido, que dice llamarse Equinoccio, vestido andrajoso y con gorro gris, se acerca a la carcel mentirosa de Jimena, tiende su mano y... ¡Esperar! ¡Llegan por allí luces brilantes y de color escarlata! ¡Miles de ellas, agarran al Arco Iris, y le obligan a darle sus colores! Es de noche ¡Aurora no dejes salir tus colores que es de noche! ¡Prisa, aprisa! Jimena concentrada recibe el amor de Primavera, que huyó desconsolada, y consigue romper sus cadenas y liberar a un pequeño pajarillo. Pero el pajarillo tiene un pico afilado ¡El tiempo! y arranca de sus cuevas a los dos luceros de Equinoccio. ¡Ciego! Y Jimena llora, y vuelve a llorar, suplica, grita, susurre, y gime, y por fin desencadena una tormenta. En la cual el tiempo sale de su escondite y atrapa al canoso Caballero. En la cual Equinoccio lucha contra las estrellas, y se apropia de Aurora para salvar a Jimena.
Pero, ¿Dónde está Primavera? ¿Y el hombre de Naranja? ¡Sí allí están! recogiendo las margaritas verdaderas de Jimena, y luciendo sus desnudos en un cuadro de Monet. Esperan a ser vistos y entonces paran la tormenta con un abrazo. Se funden sus brazos en el ser del otro, se funden sus labios en el tiempo del otro. Y susurran palabras no escritas, y hacen parar el tiempo, sin que éste deje de pasar. ¡Mirar allí! En la oscura cárcel, aprovecha el tiempo para escaparse, y aprovecha Equinoccio para salvar a Jimena.
Y luego todo volvió a la calma. El silencio calló, para solo óir como la sombra de la Primavera, Jimena, disfrutaba del Otoño con Equinoccio. Para solo oír como su ama también amaba. Y se sintió desdichada y triste, pues el Otoño no volvería hasta dentro de un año. Y equinoccio marcharía con él. Y asi fue, marcharon los dos, en justa compañía."Lloraba Jimena, lloraba, y su ama también lloraba, porque no le pertenecían esas margaritas que decían que sí, y lloraba y lloraba porque estaba encadenadad a la felicidad de su ama. Y estaba llorando cuando volvió el Equinoccio sin Otoño y con Primavera, y le regalaba así un único beso de amor.
El único beso de amor, que no le pertenecía a Primavera. Y el cual se sumaba año tras año y hacía más pequeña la soberbia de Primavera, y murió. Otoño se quedó sin su primvaera, y Equinoccio se quedó cin Jimena"
sábado, 15 de febrero de 2014
Alice.
Día 16 de Febrero; me matas más que ayer y menos que mañana.
Madrugada del 16 de Febrero; no puede soportarlo.
2:10 del 16 de Febrero; no sé qué hago, ni qué haré cuando te vayas. Solo de pensarlo ¡basta! Es insoportable.
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